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Friday, July 11, 2008

La salsa el color de una joya

Si el color Verde fuera un sabor, probaría como esta salsa color de peridoto que brilla como una joya hermosa. Jamás olvidarás lo que sentiste la primera vez cuando sus sabores simultáneamente llenaron tu boca con una sabrosidad fresca, un poco agridulce, y picante. Quizás la probaste en una sopa de albóndigas en una noche fría del invierno, o en un burrito de carnitas de carne de puerco, pero realmente no importa, porque esta salsa no tan solamente tocará tu paladar, pero tu misma alma—tu alma mexicana, que es la posesión de todos que les encanta la comida mexicana no importa dónde vivan en el mundo. Es un alma que abraza la felicidad y el dolor con el mismo ardor. Que le gusta la música alegre pero con las letras tristes.

Como el amor, esta salsa quebrará tu corazón en un millón de pedacitos de tomatillo y chiles y de cilantro—pero es un quebrantamiento dulce, uno de la cual que no querrás recuperate nunca. Que viva el amor de salsa de tomatillo.



La Salsa el Color de Una Joya

(Salsa verde de Tomatillo)

(Haz clic aquí para ver la versión imprimible de esta receta)

La salsa de tomatillo es una parte integral de la comida mexicana. Ponla en los tacos, los burritos, en caldos, en el guacamole, sobre tus huevos fritos y los frijoles. Se puede poner con casi todo.

Es muy fácil preparar la salsa verde de tomatillo. Puedes hacer poquito o mucho de salsa puesto que no es preciso tener medidas exactas. Simplemente sigue estas instrucciones.

Lo que necesitas:

Una olla pequeña, mediana o grande, dependiendo de cuánto vas a preparar.

Un cuchillo para picar

Una licuadora eléctrica; o, un molcajete; o, una licuadora manual

Ingredientes:

Tomatillos sin las cáscaras, cada una cortada en dos—Aproximadamente 5 o 6 tomatillos para un poco de salsa; 7 a 10 para un tamaño mediano; 11 o más para mucha salsa

Dientes de ajo frescos—1 o 2 para un poquito de salsa; 2 a 4 para un tamaño mediano; 4 o más para mucha salsa

1 a 4 chiles serranos frescos, bien picaditos

Cebolla verde picada a tu gusto

Cilantro fresco picado a tu gusto

Pon los tomatillos y el ajo en una olla. Ahora ponle un poco de agua, pero solamente a la mitad de los tomatillos (véase las fotos abajo). Ponlos a hervir y baja la lumbre a un fuego manso con la tapadera puesta. Cocínalos hasta que los tomatillos estén bien blanditos. No tires el agua. Ahora ponlos en la licuadora, o en el molcajete, o usa la licuadora manual para hacerlos puré. Échale los chiles serranos picados para que la salsa esté picante pero a tu gusto. Ponle la sal. Pon la salsa en un tazón. Deja que se enfríe un poquito y ponlo en el refrigerador hasta que esté frio. Luego ponle la cebolla verde y el cilantro.Pon el resto de los chiles serranos en un platito para que aquellos que quieren puedan ponerle más a su salsa. Disfruta de la sabrosidad.

Para variar. Ponle pedazos de aguacate a la salsa. O, ponle la salsa al aguacate. De todos modos tu paladar te dará las gracias.


Monday, June 2, 2008

Mi Jardin Salsero Para Mi Molcajete Con Cabecita de Puerco


(Ver hacia abajo para la Receta—Salsa Fresca.)

Este es mi molcajete con la cabecita de puerco, algo común en México, pero una novedad aquí en Los Estados Unidos. Hecho de piedra volcánica de basalto, y usado por los aztecas y los mayas desde la antigüedad, es una parte integral de la batería de la cocina mexicana.

Cuando he tenido invitados a casa y pongo mi molcajete sobre la mesa, mis amigos de habla inglés se ven un poco sorprendidos y hasta un poquito nerviosos. Una vez, un jovencito lo miró y me preguntó, “¿Tenemos que comernos la piedra?”

Claro que sí,” le respondí con una mirado muy sincera. “Yo siempre me la como con mi salsa.” Después le cerré un ojo a esa carita asustada. Los demás se rieron, pero sé que ellos tenían miedo que se tenían que comer la piedra también.

En inglés, la palabra para piedra es “rock”—como la música. Esta salsa no tiene piedras, pero, caramba, es un “rockero” de salsa.

Lo que producen el molcajete con su tejolote—la piedra para machucar--es una salsa fresca tan exquisita, especialmente si los jitomates son los más jugosos y dulces que puedes hallar. Ninguna licuadora puede duplicar ni el sabor ni la textura de una salsa hecha en un molcajete. Se machucan los ingredientes, no se cortan a navajas. Hasta el sabor, aunque sea sutil, es un poco diferente, porque lleva el sabor de la piedra (que tiene de ser bueno para la salud) y de salsas y especies que la cocinera ha hecho antes.

Hasta recientemente en estos últimos años, cada primavera me iba a los viveros buscando las mejores plantas y semillas para comenzar un “jardín salsero”. Compraba tierra especial y jaulas de alambre para sostener las plantas. Y me ponía a escarbar, a veces todo el día, las plantas de jitomates, las cebollas verdes (cebollinos), los chiles serranos y jalapeños, y el cilantro. Cuando venía el tiempo de cosecha en el verano, me ponía mi sombrero de paja para seleccionar de lo mejor para hacer mi salsa. Qué deleite era sentir los jitomates, rojos y calientitos cuando uno los tocaba, cada uno pareciéndose a gigantescas gemas de rubí.

Recomiendo que aquellos que se crearon en las ciudades o que se pasan casi todo el día trabajando adentro o sentados detrás de los escritorios, que se vayan al aire libre y que pongan un jardín salsero, aunque sea sólo en macetas. Así tendrán el placer que hasta ahora ellos nunca han tenido o que se han olvidado: la rica sensación de sentir la tierra oscura en las manos, con el sol a las espaldas, mirando crecer hermosas plantas que plantaste tú.


Qué orgulloso(a) te sentirás cuando compartes el fruto de tu labor con tus familiares e amigos. Casi todos agradecerán recibir este regalo delicioso que no viene todos los días. Y, aunque tu jardín salsero sea un fracaso, no fue una pérdida de tiempo. Habrás aprendido un respecto particular para nuestros antepasados, quienes sabían cómo hacer que la tierra brotara con comida para sostener a sus familias—a pesar de adversidades, La Revolución Mexicana, y la pobreza. Quizás esto cambiará para siempre tu perspectiva de la vida de una manera que nunca te imaginaste—que viviendo en el mundo de las ideas y solamente a través del cerebro no es la única manera de experimentar la vida. Y todo esto porque pusiste un jardincito para hacer una salsa fresca en un pequeño molcajete.


Salsa Fresca del Molcajete Con Cabecita de Puerco

Lo que necesitas:

Un molcajete con tejolote para machucar (puedes encontrarlos por la Red, en los mercados mexicanos, o ve a México y cómprate uno) Prepara el molcajete antes de usarlo: Lávalo bien si usar jabón. Cuando esté seco, machúcalo bien con arroz crudo.

Un cuchillo

Si no tienes un molcajete:

Un cuchillo para picar los vegetales


Un machucador de papas

Un tazón

Ingredientes:

2 jitomates medianos—directamente del jardín es lo más ideal, pero una pinta (0,473 litros) de jitomates de miniatura, como los tomatitos cherry o los tomatitos pera son perfectos también.


1 diente grande de ajo


1 chile serrano cortado a pedazos, pero bien picadito si no estás usando un molcajete. Quítale las semillas y las venas si no quieres que salga demasiada picosa la salsa. (A mí me gusta con semillas.)


1 o 2 cebollas verdes, bien picadas


Cilantro fresco, picado a tu gusto


Un chorrito de jugo de lima


Sal del mar a tu gusto


Aguacate picado

Corta los jitomates y el chile serrano en pedazos. Ponlos en el molcajete con el diente de ajo y machúcalos con el tejolote hasta que estén bien mezclados. Ahora ponle la cebolla verde, el cilantro y el aguacate. Ponle un chorrito de jugo de lima y un poco de sal.

Sin el molcajete: Corta los jitomates. Ahora toma el machucador de papas y machuca los jitomates con el chile serrano bien picado hasta que estén bien mezclados. Ponle la cebolla verde, el cilantro y el aguacate. Ponle un chorrito de jugo de lima y un poco de sal.